domingo, 17 de noviembre de 2013

Rosas penitentes.



Mi cuerpo yace sobre un lecho
de sentimientos afilados
que se clavan obstinados
en jirones de un ánimo maltrecho.

Carnes libidinosas se regocijaban
hozando entre límpidas rosas,
violentadas entre gemidos,
putrefactos los pétalos quedaban.

Espinas afiladas son los olores
que impregnados en la almohada
devuelven el dolor a mi boca.

Aúllan mis miembros, transidos
por pétalos de rosas de otros días

que en su olor llevan su penitencia.


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