Mi cuerpo yace sobre
un lecho
de sentimientos
afilados
que se clavan
obstinados
en jirones de un
ánimo maltrecho.
Carnes libidinosas se
regocijaban
hozando entre
límpidas rosas,
violentadas entre
gemidos,
putrefactos los
pétalos quedaban.
Espinas afiladas son
los olores
que impregnados en la
almohada
devuelven el dolor a
mi boca.
Aúllan mis miembros,
transidos
por pétalos de rosas
de otros días
que en su olor llevan
su penitencia.
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