sábado, 23 de noviembre de 2013

Las manzanas



Las manzanas del árbol caen
picoteadas por los pájaros,
seres que alto vuelan,
y orgullosos muestran
de mimbre sus alas .

Las manzanas caen.
Adentro el gusano,
corrupto su fruto,
su fruto violado.

Las manzanas caídas
ya yacen ajadas,
las muerden las reses
con sus cobardes quijadas.

Mas la raíz se ha secado.
El árbol corrupto
jadea entre bandazos,
y al son del viento,

Espera su último hachazo.



jueves, 21 de noviembre de 2013

¿Por qué mamá ya no llora?


Relato publicado en 2008 contra la violencia de género.

    Hoy papá le volvió a pegar, papá gritaba y mamá le suplicaba que se calmase, pero, como siempre, él le hizo daño y se volvió a ir hasta la madrugada, cuando los sollozos siempre me despiertan. A veces también me pega, pero qué voy a hacer... Mamá dice que no podemos llamar a la policía porque si no deberemos de volver a nuestro país, y eso es aún peor. Mi papá sí es español, y se casó con mamá cuando llegamos a España. Ahora puedo oír los sollozos de mamá, que llora desconsoladamente en su habitación. Cuando sea mayor, ayudaré a mamá y los dos nos iremos juntos. Ahora, el sordo ruido de la puerta me estremece. Desde aquí puedo oler el hedor a alcohol de sus ropas, papá ha llegado. Oigo sus pasos, y cómo se acercan a la habitación de mamá. Un gran chillido se escapa de la garganta de mamá. Y, papá vuelve a desaparecer. Ya ha pasado un rato, y no oigo a mamá, ¿Por qué mamá ya no llora?



miércoles, 20 de noviembre de 2013

El día que conocí a Góngora.


Era la sonrisa blanca 
de una sombra oscura, 
era un rostro severo
ácido de amargura. 

Faralaes escondidos
entre ajadas vestiduras.
Un genio disfrazado
de un pío y serio cura.

Bajo impostados hábitos
se esconde la locura
de un genio de la pluma
que con la burla cura.  

Dio luz a Polífemo y
andóse en calentura, 
de galán pidió a Minguilla:
O alborotado cura 
o flamenca seria.
Mas ante todo él era
Góngora, genio y figura.



domingo, 17 de noviembre de 2013

Rosas penitentes.



Mi cuerpo yace sobre un lecho
de sentimientos afilados
que se clavan obstinados
en jirones de un ánimo maltrecho.

Carnes libidinosas se regocijaban
hozando entre límpidas rosas,
violentadas entre gemidos,
putrefactos los pétalos quedaban.

Espinas afiladas son los olores
que impregnados en la almohada
devuelven el dolor a mi boca.

Aúllan mis miembros, transidos
por pétalos de rosas de otros días

que en su olor llevan su penitencia.


Elegía al silencio.

Lo hemos matado.
Le hemos clavado un hacha de ruidos,
en el bullicio abombado se ha suicidado.

Las horas con negra ropa vestidas,
ya entierran al trémulo reloj.
¡Corre, que la vida es efímera!
El silencio ha muerto,
Ya somos cacofonía.

La tumba del silencio yace ajada,
ya nadie se acuerda de callar un momento,
ya nadie se detiene a ver despertar  la mañana,

ya nadie le lleva flores al silencio.