miércoles, 20 de noviembre de 2013

El día que conocí a Góngora.


Era la sonrisa blanca 
de una sombra oscura, 
era un rostro severo
ácido de amargura. 

Faralaes escondidos
entre ajadas vestiduras.
Un genio disfrazado
de un pío y serio cura.

Bajo impostados hábitos
se esconde la locura
de un genio de la pluma
que con la burla cura.  

Dio luz a Polífemo y
andóse en calentura, 
de galán pidió a Minguilla:
O alborotado cura 
o flamenca seria.
Mas ante todo él era
Góngora, genio y figura.



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