Lo hemos matado.
Le hemos clavado un hacha de ruidos,
en el bullicio abombado se ha suicidado.
Las horas con negra ropa vestidas,
ya entierran al trémulo reloj.
¡Corre, que la vida es efímera!
El silencio ha muerto,
Ya somos cacofonía.
La tumba del silencio yace ajada,
ya nadie se acuerda de callar un
momento,
ya nadie se detiene a ver
despertar la mañana,
ya nadie le lleva flores al
silencio.

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